Ladrillos y cimientos
Ese momento en el que se te derrumba todo, ese momento en el que ves como se cae la casa empezando por los cimientos, ladrillo a ladrillo la base se desmorona...
Vas viendo como poco a poco con el paso de los días se te desmorona todo lo que tardas te años en construir, con paciencia y dedicación, todo tu esfuerzo se va al sótano y no puedes hacer nada para remediarlo
Tus ilusiones, tu futuro, tus pasiones... Una a una se van cayendo delante de tus propios ojos sin que puedas hacer nada.
Los días se vuelven grises, lluviosos y tormentosos... No podemos hacer nada para que la lluvia interior frene, nos sentimos débiles, inútiles, solitarios y seguimos sin comprender lo que ocurre.
Cuando comenzamos a construir una casa por el tejado, no prestamos atención a los cimientos, la base, lo verdaderamente importante. Es decir, nuestra esencia, nuestro interior. Nuestros cimientos deben de ser estables para poder aguantar cualquier vendaval. Qué fácil decirlo y difícil de hacer. Si todo fuera tan sencillo la vida no tendría el sentido ni el valor que tiene.
La vida en sí es valiosa, aunque en muchos momento queramos que el vendaval que azota nuestros cimientos se calme cuanto antes, el vendaval está por algo, para ponernos a prueba y evaluar nuestra resistencia.
Cada cosa, tiene su por qué. Y para que ese vendaval se calme, tendremos que mirar hacia nuestro interior y solucionar el problema, no vale con erradicarlo de forma agresiva porque nos volverá de regreso con más fuerza, como un Boomerang. Tenemos que aprender y comprender nuestros defectos para poder lograr una solución permanente y persistente en el tiempo que consiga afianzar nuestros cimientos más internos.
La vida, ¡hay la vida! La vida puede ser tan bella como queramos pintarla, siempre que nos comprendamos mejor de lo que lo hacen otros. Nosotros somos nuestro mejor amigo y enemigo. Y para ello debemos de usar nuestra fuerza interna, con el corazón y la razón
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