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Canciones lentas, canciones rápidas.

Dicen en la música, que lo difícil es tocar una canción lenta . Con las rápidas al final te aprendes la mecánica y con práctica coges velocidad. Con las lentas, en cambio, tienes que saber esperar el tiempo necesario y tocar las notas en el momento preciso .  La vida también es así, hace falta templanza, saber colocar o tocar la pieza exacta en el momento preciso. Es como una canción lenta, hay que saber dar los pasos en el momento idóneo. Pero, ¿quien sabe cuando avanzar y cuando esperar ?   Dicen que tropezando se avanza más, recorres más espacio, te desequilibras para equilibrarte . Yo vivo en un tropiezo constante, sin llegar a equilibrarme. A veces, sólo a veces, tengo la sensación de poder equilibrarme, siento que es el momento de avanzar, de alzar el vuelo. Pero no... Es entonces cuando me topo con la pared, ese muro que me hace caer y romperme en mil pedazos.  Y me recompongo, con esfuerzo, lágrimas y dolor. Pero un pedacito de mí se queda en ese lugar, para ...

Miedo al vacío, miedo a las alturas

Porqué ante los cambios nos debilitamos? Esa sensación de vértigo, como al escalar... Me encantaría aprender a escalar pero... Me siento tan débil, sin fuerzas para seguir, sin saber qué dirección tomar, si dar un paso más hacia arriba mirando al muro de roca que tengo en frente o mirar hacia atrás con el vértigo que me da y disfrutar de las vistas que tengo y ver todo el camino.  Todos esos pasos que he dado que me han conducido hasta donde estoy ahora. Cerca de la cima pero sin ver la cruz, el pico, el punto más alto de la montaña, o de la montarla rusa...  O por el contrario seguir bloqueada dándome con la cabeza contra la roca, con miedo de mirar hacia arriba, hacia esa pared tan alta y desafiante. Y también con miedo de mirar hacia atrás, con pánico de perder el camino de vuelta a casa, de perder esos brazos que me sujetan aunque no esté cerca... Que cuando me siento cerca de ellos todo es fácil, todo es posible y la cima parece asequible.  Es el miedo el que nos cie...

Ladrillos y cimientos

 Ese momento en el que se te derrumba todo, ese momento en el que ves como se cae la casa empezando por los cimientos, ladrillo a ladrillo la base se desmorona...  Vas viendo como poco a poco con el paso de los días se te desmorona todo lo que tardas te años en construir, con paciencia y dedicación, todo tu esfuerzo se va al sótano y no puedes hacer nada para remediarlo Tus ilusiones, tu futuro, tus pasiones... Una a una se van cayendo delante de tus propios ojos sin que puedas hacer nada.  Los días se vuelven grises, lluviosos y tormentosos... No podemos hacer nada para que la lluvia interior frene, nos sentimos débiles, inútiles, solitarios y seguimos sin comprender lo que ocurre.  Cuando comenzamos a construir una casa por el tejado, no prestamos atención a los cimientos, la base, lo verdaderamente importante. Es decir,  nuestra esencia, nuestro interior. Nuestros cimientos deben de ser estables para poder aguantar cualquier vendaval. Qué fácil decirlo y difí...

Caperu y el lobo

Desde pequeños nos enseñaron que todo era posible, como si fuera fácil y  el ratoncito Pérez, los Reyes Magos y Superman existieran. Nos contaron el cuento con final feliz pero no siempre lo es, tampoco se comen perdices al final de éste, ni es un camino de rosas.  Pero, ¡cómo nos tragamos el cuento de la Caperucita! El Lobo, ay el lobo... Esos ojos azules, esos labios finos, esa boca por la que salieron tantas rosas. Ni el Lobo es tan malo, ni Caperucita tan buena.  Pobre Caperu, no tenía planeado que se cruzaría en su camino ese Lobo, ella estaba predestinada en cierto modo, a enamorarse del Cazador, el salvador, el protector... El prólogo de esta historia estaba escrito, Caperucita ya se había cruzado con el Lobo, hacia ya muchos años. Fue un invierno en el que las emociones brotaron como las flores en primavera, el Lobo era un cachorro cariñoso inofensivo y Caperucita una niña con ganas de experimentar la sensación del amor verdadero, probar lo prohibido. Ese invierno...

Caprichoso el destino

Vaso vacío, ¿o medio lleno? No... Colmado entero.  Ese momento en el que tu vida se desmorona con sólo una mirada, una palabra, un gesto o una persona.  Que relativo es todo y a la vez que caprichoso el destino. Los caminos se cruzan, se entrelazan, se separan pero no todos llevan a Roma.  De todas formas, Roma no es tán bonito como lo pintan. Está sobrevalorado, la gente se pelea por ir en esa dirección, cuando lo verdaderamente importante es la esencia de uno mismo.  ¿Nuestro destino estará fijado o somos dueños de él?  Muchas veces me lo planteo, y aún no lo tengo claro. La vida da muchas vueltas y me empiezo a marear, no tengo claro de dónde está el norte, el sur o si voy por el buen camino.  Cada acción que realizamos ahora, puede repercutir de alguna manera en el futuro... Y eso me frustra.  Cada acción, cada mirada, cada palabra, gesto o persona puede hacer que tu camino tambalee por un momento o se desplome en un instante.  Todo tiene un m...

Vuelta a la ciudad

Sola, entre el bullicio de la ciudad y el ajetreo de la multitud, acompañada y sin sentirlo.  Con gente conocida pero a la vez completos desconocidos.  Triste y cruel realidad, el tiempo pasa y la ciudad no es la misma. Pasas por los sitios que algún día te hicieron sentir mariposas en el estómago, el banco del primer beso inocente en el recreo del colegio, la casa del chico por el que te escapase de casa más de una vez, la esquina en la que se acabó la que creías que era la historia de amor de tu vida, el bar dónde bailabas hasta el amanecer sin importarte lo que pensaran...  La ciudad ya no es la misma, ni yo tampoco. Me veo reflejada en cada esquina, cada árbol, cada banco y hasta cada pájaro, pero la chica del reflejo, la niña inocente de brillo en los ojos, mirada derrochante de felicidad y sonrisa profident se fue...  Cogió las maletas y se fue con su brillo a otra parte, cansada de no ser valorada ni entendida, en la ciudad ya no encuentro mi sitio y en este m...