Vuelta a la ciudad

Sola, entre el bullicio de la ciudad y el ajetreo de la multitud, acompañada y sin sentirlo. 

Con gente conocida pero a la vez completos desconocidos. 

Triste y cruel realidad, el tiempo pasa y la ciudad no es la misma. Pasas por los sitios que algún día te hicieron sentir mariposas en el estómago, el banco del primer beso inocente en el recreo del colegio, la casa del chico por el que te escapase de casa más de una vez, la esquina en la que se acabó la que creías que era la historia de amor de tu vida, el bar dónde bailabas hasta el amanecer sin importarte lo que pensaran... 

La ciudad ya no es la misma, ni yo tampoco. Me veo reflejada en cada esquina, cada árbol, cada banco y hasta cada pájaro, pero la chica del reflejo, la niña inocente de brillo en los ojos, mirada derrochante de felicidad y sonrisa profident se fue... 

Cogió las maletas y se fue con su brillo a otra parte, cansada de no ser valorada ni entendida, en la ciudad ya no encuentro mi sitio y en este mundo o vas a por todas o te tiran la cuneta, y así fue. 

Era inimaginale lo que puede cambiar la ciudad en pocos años, la gente también había cambiado, pero la esencia seguía ahí, tanto para lo bueno como para lo malo.

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