Canciones lentas, canciones rápidas.

Dicen en la música, que lo difícil es tocar una canción lenta. Con las rápidas al final te aprendes la mecánica y con práctica coges velocidad. Con las lentas, en cambio, tienes que saber esperar el tiempo necesario y tocar las notas en el momento preciso

La vida también es así, hace falta templanza, saber colocar o tocar la pieza exacta en el momento preciso. Es como una canción lenta, hay que saber dar los pasos en el momento idóneo. Pero, ¿quien sabe cuando avanzar y cuando esperar?  

Dicen que tropezando se avanza más, recorres más espacio, te desequilibras para equilibrarte. Yo vivo en un tropiezo constante, sin llegar a equilibrarme. A veces, sólo a veces, tengo la sensación de poder equilibrarme, siento que es el momento de avanzar, de alzar el vuelo. Pero no... Es entonces cuando me topo con la pared, ese muro que me hace caer y romperme en mil pedazos. 

Y me recompongo, con esfuerzo, lágrimas y dolor. Pero un pedacito de mí se queda en ese lugar, para siempre

Ese pedazo que me hace recordar que en algún momento de mi trayecto, en algún momento de la canción desentoné, me rompí. 
La canción se paró y una parte de mi se quedó ahí, por alguna razón. Para valorar lo que fuí y lo que soy. Para escuchar lo que pasó y leer la letra que viene. Para agradecer a quien me hizo aprender, a quien me ayudó a comprender
Toda caída tiene su proceso de cura y de aprendizaje. Su pérdida y su ganancia. 

Pero el ser humano no destaca por su capacidad de aprendizaje. Es más, se dice que es el único animal capaz de tropezar más de tres veces con la misma piedra. ¿No será entonces que el ser humano es tenaz? Es capaz de persistir sin desistir. Volver a intentarlo una y otra vez. ¿Será que no se da cuenta de cuál es el error que comete? Cual es la pieza que desentona. 

Será entonces que hay que tocar el piano con los ojos vendados. Avanzar en la vida con los ojos cerrados. Sentir el camino por el que avanzar. Pararse, coger aire, sentir y exhalar. Absorber la sinfonía, atraer lo positivo y avanzar con cautela en esa dirección, seguir las notas de música. Y aprender a comprender los errores. Pararse y poner remedio, releer la letra para poder seguir en ritmo

Con cautela, sin precipitarse. Porque al final, toda canción tiene su ritmo. Sólo hay que sentir la música y fluir con ella

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