Miedo al vacío, miedo a las alturas

Porqué ante los cambios nos debilitamos? Esa sensación de vértigo, como al escalar... Me encantaría aprender a escalar pero... Me siento tan débil, sin fuerzas para seguir, sin saber qué dirección tomar, si dar un paso más hacia arriba mirando al muro de roca que tengo en frente o mirar hacia atrás con el vértigo que me da y disfrutar de las vistas que tengo y ver todo el camino. 

Todos esos pasos que he dado que me han conducido hasta donde estoy ahora. Cerca de la cima pero sin ver la cruz, el pico, el punto más alto de la montaña, o de la montarla rusa... 

O por el contrario seguir bloqueada dándome con la cabeza contra la roca, con miedo de mirar hacia arriba, hacia esa pared tan alta y desafiante. Y también con miedo de mirar hacia atrás, con pánico de perder el camino de vuelta a casa, de perder esos brazos que me sujetan aunque no esté cerca... Que cuando me siento cerca de ellos todo es fácil, todo es posible y la cima parece asequible. 

Es el miedo el que nos ciega, el que no nos deja dar un paso al frente, el que hace parecer todo imposible...
Miedo a que se desprenda una piedra preciosa, valiosa para seguir avanzando en el camino, el apoyo firme para seguir escalando. Miedo a que al desprenderse nos tropecemos y caigamos al vacío.

La caída libre sin fin. Como en los sueños en los que nos precipitamos al vacío, una caída que parece que no acaba nunca, pero sí lo hace, cuando nos despertamos. ¿Y si fuera real? 

Nos centramos en mirar al suelo, para estar seguros de dónde pisar. Y de mientras nos perdemos las maravillosas vistas. Paso a paso, con sudor, esfuerzo y sacrificio avanzamos sobre la montaña. ¿Y las vistas? No las disfrutamos, no vemos lo que pasa a nuestro alrededor hasta llegar a la cima. Y esas rocas se desprenden a nuestro paso, lo hacen para que podamos avanzar, son nuestro apoyo y las lanzamos al vacío. 

No siempre disfrutamos de buenas vistas, a veces decepcionan. Está nublado, hay una antena en frente o simplemente estamos demasiado cansados y agotados para disfrutar de ellas. 

¿Y si nosotros fuéramos la roca que se desprende en el camino de otros? O la que hace tropezar al otro


La cima no siempre tiene unas vistas preciosas... pero ¡joder! Como sienta el llegar arriba y coronar la cima. 

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